Donada a la Iglesia por Pedro Martín Delgado a mediados del siglo XV, la Huerta de Santa María “fuese decepando y plantando por limosna de los vecinos”. A principios del S. XVII el arrendatario Alonso de Miguel “Hechóle dos casas y puso más de dos mil plantas”. Considerada uno de los bienes más preciados de la parroquia, debió ser un retiro para los numerosos clérigos de la localidad, que incluso tuvieron allí una capilla, hoy desaparecida, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. Hacía 1830 se amplía el edificio con patios y cuadras.

También de esa época data la mina de plata que explotó el subsuelo. Tras la desamortización pasó por varias manos, hasta ser adquirida en 1984 por los actuales propietarios que la dotaron de los servicios necesarios para una vivienda familiar.
Desde 1993 se utiliza como vivienda de alojamiento rural.

Libro de Protocolos de Capellanías. Año 1755

“Consta ser la huerta de árboles frutales y castañar que esta Fábrica (Iglesia) tiene al sitio de EL ROBLEDO, término de esta villa, llamada SANTA MARIA; la cual tiene por suya propia más de 300 años ha, y lo que he averiguado era un jaral, tierras de un vecino llamado Pedro Martín Delgado, que las dio de limosna a esta Iglesia, y por los vecinos se fueron descepando y comenzando a plantar de limosna, y en la escritura antecedente otorgada ante Bernal de Parrales, escribano público, en 31 días del mes de diciembre de 1.624 años era sólo una huerta y tierras, que sólo rentaba a esta Fábrica cada año 12 Ducados, y que los hijos, nietos y herederos de Alonso Miguel, pues la había tenido por tres vidas en la dicha cantidad. Siguieron pleito ante el señor Provisor contra esta fábrica pidiéndole los adelantamientos tan grandes, que en ella había hecho el dicho Alonso Miguel, pues la había descepado, plantado y criado más de dos mil plantas. Héchole dos casas, y otros reparos mayores, y en pago se le dejó entonces por otras dos vidas, así consta. Y en 29 días del mes de abril de 1.684 años, por escritura otorgada ante Esteban Miguel Cabeza, escribano público, la arrendaron por tres vidas Pedro Benito Muñiz, Andrés González Muñiz, Pedro de Castilla Caballero, Fernando Domínguez Muñiz, Juan de Castilla y María de Castillo, viuda de Juan González Muñiz, vecinos todos de esta villa, en 800 reales de crédito en cada un año, cumplidos sus plazos por mitad de Noviembre, y al día 6 de Marzo de cada un año. Todos obligaron bastantes fincas, que constan de la escritura que tiene esta fábrica, en la que se expresa que tiene dos casas y sus linderos. Hoy está en la última vida, que es Pablo José Muñiz de Tovar, mi hermano, vecino de esta villa; y finalizada ésta, están obligados los arrendatarios y sus herederos a entregar dicha huerta, cercada de pared y vallado, con sus dos casas reedificadas, sin que le falte planta alguna, con la advertencia que pagarán los menoscabos, atrasos y perjuicios, así consta en las condiciones y cláusula de la escritura, y de las de la antigua, a lo que se obligaron refiriéndolas a ésta”.
 

Nota. El 14 de enero de 1.786 se enterró Pablo José Muñiz de Tovar, terminándose el arrendamiento vitalicio. Entró la Fábrica en su administración, ascendiendo la renta del fruto recogido ese año a más de 2.000 reales de vallón.

Libro de Fábrica de 1800 en adelante.

 

Don Eustaquio Blanco y Muñiz, Presbítero, hombre adinerado e hijo de un familiar del Santo Oficio, domiciliado en una casa de la calle Sola, denominada “Casa del Mayorazgo”, fue Mayordomo de Fábrica desde el 11 de Mayo de 1.819.
Tiene varias notas en este libro de Fábrica, en donde se lamenta de lo mal que le trataban muchas personas del pueblo, así como de haber sido, en bastantes ocasiones, insultado, columniado y hasta acusado de ladrón.
Tuvo que tener problemas con la justicia, pues se arruinó y cuenta que “nadie se compadecía de su estado y no encontraba en ningún sitio caridad, humanidad ni misericordia”.
En 1.832, después de tener que pagar de su hacienda personal hasta una onza de oro, dejó aún a deber más de 6.000 reales. Esto fue a causa de unas obras que hizo en la finca de Santa María, dejando a la Fábrica en descubierto, exigiéndosele, mediante juicio, que lo pagara de lo suyo. Dice: “A consecuencia de una casa para recoger las cosechas de peros y castañas de la finca de Santa María (1.824), levantar una pared (1.828), y concluir los empedrados de los caminos. Asimismo, levantar una pequeña casa de campo, que se cayó, y añadirle un anexo para poder albergar más frutas y herramientas y horcones para los árboles”. Todo esto le produjo a D. Eustaquio unas pérdidas en sus bienes de 60.000 reales, que tuvo que pagar por orden del visitador de 1.832.
Por todo esto, D. Eustaquio se encontró en una situación de gran confusión y aislamiento social.

 

Nota. El retablo mayor, así como las imágenes que lo completaban, fueron ejecutadas en madera de castaño bravo. Estos castaños fueron, precisamente, cortados en Santa María. Por desgracia, este maravilloso retablo, en estilo barroco manuelino (portugués), que fué diseñado y dirigido por dos artistas lusitanos, fue destruido en la guerra civil del 36.

 

 

 
 

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